Los votos “desperdiciados” en la Circunscripción Nacional de Senado 2026

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Ningún voto es desperdiciado. Ellos representan la expresión legítima de la voluntad de los electores de expresarse en las urnas a favor de la opción política de su preferencia. Sin embargo, un análisis de los resultados de las elecciones de la Circunscripción Nacional de Senado de 2026, con fundamento en los datos del preconteo de la Registraduría Nacional del Estado Civil, muestra que el sistema electoral colombiano produce una cantidad significativa de votos que, a pesar de haber sido depositado en las urnas, no tienen efecto práctico en la distribución del poder político o no logran el resultado esperado por el elector, que el candidato de su preferencia acceda a un cargo de elección popular.   

Los votos que no tuvieron efecto práctico en la distribución del poder político se pueden clasificar en dos. De una parte, según los datos preliminares, en las elecciones del 8 de marzo se depositaron 20.492.278 votos. De ellos, 573.572 fueron votos nulos, 495.519 fueron tarjetas no marcadas y 616.998 fueron votos en blanco. Estas tres categorías, que en conjunto suman 1.686.089 votos, el equivalente a un 8,2% del total y cerca del potencial electoral de Medellín, corresponden a ciudadanos que voluntaria o involuntariamente no impactaron el resultado de las elecciones.

De otra parte, 893.502 electores, un poco menos del potencial electoral del Cesar, depositaron su votos por las listas y los candidatos de Frente Amplio Unitario, Creemos, la Coalición Fuerza Ciudadana, la Lista de Oviedo – Con toda por Colombia, Oxígeno, Patriotas y Colombia Segura y Próspera. Ninguna de estas agrupaciones políticas superó el umbral para acceder a la distribución de curules. Por lo tanto, los votos depositados a favor de ellas no tuvieron incidencia real en el resultado final de las elecciones de Senado, más allá de haber sido instrumentales en la determinación del umbral.

Al sumar los votos que no tuvieron efecto práctico en la distribución del poder político (las tarjetas no marcadas, los votos nulos, los votos en blanco y los votos depositados por organizaciones políticas que no superaron el umbral) se encuentra que 2.579.591 electores, aproximadamente el equivalente del potencial electoral del Atlántico, acudieron a las urnas, pero sus votos no tuvieron efecto práctico en la distribución del poder político. 

Así las cosas, se podría concluir que 17.912.687 votos resultaron determinantes en la elección de la Circunscripción Nacional de Senado en 2026. Todos ellos, por el simple hecho de haber sido depositados por partidos y movimientos políticos que superaron el umbral, tuvieron un efecto en la conformación de la Cámara Alta. La cifra es significativa. Se trata del 87,4% del total de votos depositados y el 43,3% del potencial electoral. No obstante, al profundizar un poco más en los datos se evidencia que no todos esos votos tuvieron el efecto deseado por los votantes.  

En el contexto proporcionado por el voto preferente, del hecho que el elector haya depositado su voto a favor de un partido o movimiento político y, adicionalmente, de una persona en particular al interior de esa lista se puede deducir el alcance real de su intención. El efecto querido por el elector es que su candidato en específico sea quien obtenga la curul en representación del partido o movimiento político que le avaló. En consecuencia, no se satisface la aspiración del elector cuando la organización política que avaló a su candidato de preferencia supere el umbral y obtenga curules. Así, los votos depositados a favor de candidatos de partidos y movimientos políticos que superaron el umbral pero que no resultaron suficientes para que ellos accedieran a una curul si bien inciden en los comicios, no tienen el efecto querido por el elector. 

En las elecciones de Senado este tipo de votos suman 3.550.767, que son un poco más del total de potencial electoral de Cundinamarca y Boyacá juntos. La siguiente tabla desagrega los votos depositados a favor de candidatos inscritos en listas con voto preferente por partidos o movimientos políticos que superaron el umbral pero que no resultaron elegidos.  

Partido o Movimiento Político con representación

Cantidad de votos por candidatos no elegidos

Partido Liberal

568.418

Alianza por Colombia

727.151

Partido Conservador 

539.721

Partido de la U

470.581

Coalición Cambio Radical – ALMA

570.711

Ahora Colombia

408.307

Salvación Nacional

265.878

Teniendo en cuenta lo expuesto, al sumar los votos nulos, las tarjetas no marcadas, los votos en blanco, los votos por organizaciones políticas que no superaron el umbral y los votos por candidatos no elegidos de organizaciones que superaron el umbral, se encuentra que 6.130.358 electores, el equivalente al potencial electoral de Bogotá, no tuvieron el efecto deseado con su voto. 

Total votación

20.492.278

 

Votos nulos

 

573.572

Tarjetas no marcadas

 

495.519

Votos en blanco

 

616.998

Votación Organizaciones que no superaron el umbral

 

893.502

Votos por candidatos no elegidos de organizaciones que superaron el umbral

 

3.550.767

Totales

20.492.278

6.130.358

Total votos “efectivos”

14.361.920

Así, 14.361.920 votos, el 70% del total depositado y el 34,7% del potencial electoral, tuvieron una incidencia real en la distribución del poder político y tuvieron el efecto deseado por los electores. Cifras que no son despreciables. El hecho que el 70% de los votos, una amplia mayoría, sea determinante puede ser muestra de la solidez del sistema electoral. A pesar de ello, que un 30% de los votos depositados no tenga efecto práctico en la distribución del poder político o no logre el resultado esperado por el electo amerita una reflexión. 

En un sistema democrático, predicado en la proporcionalidad e históricamente caracterizado por la abstención, el hecho que uno de cada tres votos no tenga incidencia real sobre los resultados puede tener serias consecuencias. De momento, en el corto plazo, se pueden destacar dos. En primer lugar, puesto que uno de los indicadores que se suelen asociar con los elevados niveles de participación es la percepción de importancia de las elecciones y del rol que el ciudadano desempeña en ella, los altos índices de votos “desperdiciados” tienen por efecto desincentivar a que los electores acudan a las urnas. En segundo lugar, si un tercio de los votos no tiene efecto específico o no logra el resultado esperado se desperdicia el esfuerzo de movilización ciudadana desplegado por los candidatos, organizaciones políticas, el estado y la sociedad civil.

En el largo plazo, también se advierten dos graves consecuencias. De una parte, en circunscripciones electorales grandes, en términos de curules y electores, el hecho que un tercio de los votos sea “desperdiciado” afecta la representatividad en la medida que, más allá de la ficción teórica, una porción significativa del electorado no tiene quien les represente realmente. Con el tiempo, esto aleja al elector de las instituciones. De otra parte, incluso admitiendo que la mayoría de los electores puede obtener representatividad, el que una minoría significativa no la obtenga puede resultar excluyente y, producto de ello, deslegitimar las instituciones democráticas. 

No se trata de que todos los votos tengan en efecto tangible y directo en las elecciones. Eso depende del sistema electoral que se adopte para cada cargo de elección popular. Pero sería interesante cuestionarse cuál sería el camino para desperdiciar menos votos.

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